A las personas que dicen que el Cristianismo y las ciencias están en conflicto se les olvida que el Cristianismo fue la cuna de las ciencias. Era por la creencia en un mundo estable y confiable, porque Dios en su providencia lo sostiene, que las personas podían investigar la naturaleza.
Las ciencias son importantes, pero tienen ciertas limitaciones:
La ciencia, por definición, es el estudio de las cosas que se pueden observar con los sentidos y sobre las cuales se pueden experimentar repetidamente. Así que no está en la posición de proclamar sobre la existencia de Dios, de las almas o los ángeles, o la creación del universo. Estas cosas no se pueden observar o repetir. Hablar de cosas sobrenaturales o trascendentes se trata de usar la filosofía, no la ciencia.
Además, la ciencia es un proceso inductivo, que se mueves desde lo particular hasta lo general. Sin embargo, una de las leyes de la lógica es que no se puede llegar a una conclusión universal segura basándose en premisas particulares. Sólo falta nueva evidencia y un contraejemplo para derribar una conclusión inductiva o científica. Así que toda conclusión científica es, por definición, tentativa. Es algo que creemos mientras no hay evidencia al contrario.
Reflexiones del presente autor, con apoyo de Keller, T. Making Sense of God. New York. Viking. 2016. p. 35.