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Comidas puras

  • Jesús:
    • De nuevo Jesús llamó a la multitud. —Escúchenme todos—dijo—y entiendan esto: Nada de lo que viene de afuera puede contaminar a una persona. Más bien, lo que sale de la persona es lo que la contamina. Después de que dejó a la gente y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron sobre la comparación que había hecho. —¿Tampoco ustedes pueden entenderlo?—les dijo—. ¿No se dan cuenta de que nada de lo que entra en una persona puede contaminarla? Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y después va a dar a la letrina. Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos. (Marcos 7.14-19)
      • Debemos notar que en este pasaje el enfoque no es comer o no comer las comidas prohibidas por la ley, sino la práctica de lavarse las manos como ritual religioso antes de comer. En realidad el tema de comidas prohibidas no fue transformado por Cristo hasta la visión de Pedro en Hechos 10.
      • Sin embargo, Marcos, escribiendo muchos años después, interpreta este dicho de Jesús más ampliamente y lo conecta con el tema de las comidas prohibidas.
  • Pablo:
    • Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo...No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todo alimento es puro; lo malo es hacer tropezar a otros por lo que uno come. (Romanos 14.14, 20)

No tocar, no probar comida = una tradición meramente humana

  • Jesús:
    • Así que los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: ¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los ancianos, en vez de comer con manos impuras? Él les contestó: —Tenía razón Isaías cuando profetizó acerca de ustedes, hipócritas, según está escrito: »“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas.” (Marcos 7.5-7)
  • Pablo:
    • «No tomes en tus manos, no pruebes, no toques»? Estos preceptos, basados en reglas y enseñanzas humanas, se refieren a cosas que van a desaparecer con el uso. (Colosenses 2.21-22)