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Ministerio
- No puedes compartir una fe que no tienes. Algunos que profesan ser Cristianos no son buenos para el evangelismo porque no tienen nada que compartir. No aman a Dios, y las cosas espirituales no les apetece. Estas personas deben acercarse a Dios antes de insistir que otros tomen un paso que ellos mismos no han tomado.
- ¿Alguna vez has sentido la necesidad de compartir con alguien el gozo que sentiste acerca de...una nueva canción, una nueva comida, un nuevo app o aparato, un partido fascinante de fútbol, la sensación de enamorarte de alguien, o algo útil que acabas de aprender? Pues, el evangelismo es así. Es simplemente una cuestión de compartir con otras personas algo que te ha impactado, algo que te emociona, para que ellos puedan tener el mismo gozo que tú.
- El evangelismo normalmente no consiste en compartir toda una presentación del mensaje cristiano de 20 minutos de un solo golpe. Es suficiente sembrar semillas, y pedir que Dios las riegue para que den fruto. Algunas de las semillas:
- Tu testimonio - cómo llegaste a creer en Jesús
- Un testimonio de algo que Dios ha hecho por tí últimamente - que Dios te sorprendió con una bendición, o que Dios ha contestado tus oraciones
- Un versículo de memoria que te ha ayudado
- Algo que aprendiste en un sermón o estudio
- Contestar una pregunta de la persona acerca de la fe cristiana, o responder a su objeción
- Aconsejar o ayudar a la persona en su momento de necesidad
- Advertir con amor a la persona cuando hace o cree algo que le va a ser dañino
- Orar con la persona
- Todo Cristiano tiene la responsabilidad de proclamar las buenas nuevas, pero no todo Cristiano tiene el don del evangelismo. No debemos sentirnos culpables si Dios usa a otras personas más que a nosotros en el evangelismo. Si el evangelismo no es nuestra especialidad, debemos ser fieles en evangelizar tal como podemos, y buscar los dones específicos que Dios nos ha dado a nosotros en lugar del evangelismo.
- A veces las presentaciones evangelísticas se limitan a ciertas doctrinas (el pecado y la gracia), arrancadas de su contexto original de la vida de Jesús, su misión, su victoria sobre sus enemigos, y su reino. La doctrina sobre la salvación es importante y esencial, pero mientras sea posible debemos contar la historia dentro de la cual estas doctrinas reciben su importancia.
- No debemos pensar que el evangelismo solo es con palabras. No todos los Cristianos son extravertidos para quienes las conversaciones evangelísticas les vienen fácilmente. Los actos de amor y servicio, el ejemplo que brindamos de un fiel Cristiano, nuestras actitudes y reacciones, todas estas cosas también son parte de nuestro testimonio a las personas del mundo. Los hechos sin las palabras no son suficientes, pero las palabras sin los hechos son vacías.
- John Dickson ve una conexión vital entre el monoteísmo (la doctrina que hay un solo Dios) y la misión: si hay un solo Dios a quien la humanidad debe rendir culto, el pueblo de Dios tiene la obligación de promover este culto en todo tiempo y en todo lugar. John Dickson, The Best Kept Secret of Christian Mission, kindle 383.
- Motivaciones para el evangelismo
- El honor de Dios, que debe ser alabado
- El deseo para la salvación de las personas
- La obediencia a Jesús, que nos ordenó la Gran Comisión
- El deseo de recibir el galardón completo de parte de Dios en el día de juicio
- En 2 Corintios 5.10-11 Pablo menciona el temor del juicio final como incentivo para proclamar las buenas nuevas. Pero en el contexto notamos que es su propio temor de ser juzgado él, no el uso del temor del infierno para presionar a las personas. Es similar a su expresión, Ay de mí si no predico el evangelio. (1 Corintios 9.16) John Dickson, The Best Kept Secret of Christian Mission, kindle 404-412.
- Tanto la Gran Comisión en Mateo 28.18-20 como 1 Pedro 3.15 conectan la autoridad de Jesucristo como Señor con el evangelismo. Cristo tiene autoridad sobre la creación. Por esta razón debemos predicar, porque la creación debe sujetarse a su nuevo Rey.
Esta realidad debe producir en nosotros una firmeza y un sentido de autoridad cuando evangelizamos. No es cuestión de extender una invitación tímida a las personas 'para su consideración', sino de ordenar - con autoridad pero no con arrogancia - que se arrepienten las personas de todo el mundo (Hechos 17.30).